En Centroamérica, en la República de Honduras existen unas cuevas con petroglifos, a muy poca distancia de la ciudad de Tegucigalpa. Los símbolos y figuras que aparecen en los muros son muy similares a los hallados en la selva amazónica, repitiéndose los corazones con rostros humanos, los espirales y los laberintos. Todas estas figuras estarían haciendo referencia a la existencia en las selvas hondureñas de una ciudad perdida de carácter intraterrestre. Esa ciudad se llamaría “La Ciudad Blanca”, y estaría ubicada en la selva de “La Mosquitia”. En varios mensajes nuestros grupos de contacto han sido invitados a realizar una expedición de conexión con ese lugar, lo cual estaría dándose muy pronto.
En el sur de los Estados Unidos, en el estado de California, se encuentra Monte Shasta, un impresionante y majestuoso volcán extinto el cual contendría en su interior cavernas con uno de los retiros internos de la Hermandad Blanca, y al cual anualmente llegan cientos de personas que han entrado en la frecuencia de los maestros y están en condiciones de recibir orientaciones. Son continuos los comentarios y testimonios de quienes han sido testigos en la zona de la presencia de seres vestidos de blanco muy altos.
Como vemos son muchos los lugares donde se puede establecer una conexión con la Hermandad Blanca de los retiros interiores, y las oportunidades se van multiplicando como para que esto ocurra. Pero, ¿por qué y para qué? ¿Estamos acaso preparados para hacer frente al conocimiento de nuestro proceso planetario y de las intenciones que llevaron a seres de otros mundos a actuar en nuestro planeta a lo largo de nuestra historia? ¿Estamos realmente en condiciones de saber a ciencia cierta quienes fueron nuestros padres planetarios, y por qué y para qué existimos?
El descubrimiento en la actualidad de la presencia de seres iguales o diferentes a nosotros; de nuestra propia naturaleza o de naturaleza distinta coexistiendo con nosotros en el mundo, con sus propios propósitos e intenciones, nos está conduciendo a una profunda confrontación con nuestras creencias. Más aún cuando se hace cada día más cercana la posibilidad de un diálogo frontal con aquellos seres.
Debemos prepararnos a enfrentar el desvelamiento cada vez mayor de secretos y misterios, como algo incontenible y propio de nuestra edad evolutiva que hace que lo que no se nos dice, lo percibamos por nosotros mismos, pero que igualmente dicho conocimiento intuitivo o deducido producirá cambios significativos en nuestra visión de la vida por cuanto ya no somos niños.
Estamos en la adolescencia de la humanidad, el momento en que solemos reafirmar nuestra individualidad y sentar las bases de nuestro futuro. Es el período de formación y de definiciones, tiempo de enfrentar nuestros miedos, por lo que es bueno que sepamos las cosas como son, como para que con madurez sepamos sobrellevar no sólo los fallos de los demás sino también nuestros propios errores corrigiéndolos sobre la marcha.
“RAHMA ES AMAR, DIOS ES AMOR, CRISTO ES EL SEÑOR Y LA MISIÓN ES POR LA HUMANIDAD”