En el Ecuador existe en la Cordillera del Cóndor, una red de túneles que conectan por debajo toda la selva amazónica, y que han sido poco explorados. La entrada ubicada entre los ríos Coangos y Santiago es conocida como “La Cueva de los Tayos”. La impresionante caverna posee dimensiones ciclópeas, pudiéndose apreciar su carácter artificial, sobre todo en gigantescos salones y cámaras, descomunales dinteles e inmensos muros trabajados. Allí ha habido quienes después de haber descendido han tenido contacto con esferas luminosas conocidas como “Caneplas” o “Sincronizadores Magnéticos”, y hasta quienes han podido observar seres de blanco con estaturas gigantescas. Hoy se habla que dichos túneles se extienden por más de 16 kilómetros.
En el Brasil existe en la Sierra de Portiaria, en el estado de Goias, el Valle selvático de Parauna, donde en la superficie se pueden apreciar murallas de hasta cuatro kilómetros de largo y cuatro metros de altura, de piedras hexagonales basálticas unidas magnéticamente, que cuidan una zona donde hay pirámides derrumbadas cubiertas por la vegetación algunas de ellas escalonadas, con entradas a ríos subterráneos que conducirían al mundo intraterrestre. Igualmente existiría otra entrada similar en la Sierra del Roncador.
En el Uruguay también habría entradas al intramundo, aunque algunas son definitivamente de carácter dimensional, como las que se abren ocasionalmente en la Estancia la Aurora, entre Paysandú y Salto. Otras pero como cavernas, existirían en la Sierra de Minas.
En la Estancia la Aurora, cuyo suelo es rico en cuarzos y cristales diversos, llega a concentrarse cada cierto tiempo una gran energía la cual colapsa el espacio tiempo abriendo una puerta o ventana dimensional, a través de la cual los extraterrestres salen con sus naves o se proyectan, y suelen percibirse en los alrededores seres de luz, o siluetas luminosas con las que se puede establecer un contacto. Allí no habría un ciudad intraterrena, pero sí un portal interdimensional con el que se puede conectar con otra realidad quien ha despertado sus potencialidades y posee la vibración adecuada.
En la Argentina se ha venido dando en los últimos años un despertar de los centros de energía y un redescubrimiento de los retiros de la Hermandad Blanca, poniendo al conocimiento público ciudades intraterrestres con los que la gente está aprendiendo a vincular. Hoy es muy conocida y difundida la existencia en la acogedora localidad de Capilla del Monte en Córdoba, de una leyenda en donde los indígenas Comechingones lograron salvar la vida, huyendo de los conquistadores europeos, entrando por unas cavernas ubicadas entre el Cerro Sagrado de Uritorco y la zona cercana de Los Terrones. El lugar se encuentra en una poderosa línea de energía telúrica, actuando el macizo rocoso del Uritorco como una pirámide natural y colector cósmico, que alimentaría una ciudad intraterrena llamada “Erks”, la cual ha sido avistada etéricamente en repetidas ocasiones por lugareños como un conjunto organizado de luces y estructuras a la distancia. Uno de ellos habría establecido comunicación con los habitantes intraterrenos, recibiendo el honor de actuar de guardián de su ingreso. Lamentablemente ésta persona fue asesinada y hoy en la actualidad es uno de sus hijos, quien cumple dicha función. Lo que sí es más que evidente, es la permanente presencia de ovnis en la zona, especialmente en el Cerro El Pajarillo donde se han llegado a ubicar inmensas huellas circulares con hierba quemada sobre las colinas.
Otra de las ciudades intraterrestres que existirían en Argentina es la llamada “Isidris” debajo de las montañas de Mendoza. También está la llamada “Ciudad de los Césares”, ubicada a muy poca distancia de la turística ciudad de San Carlos de Bariloche, en la Patagonia. Para llegar a éste retiro se necesita embarcarse por los lagos y después de varias horas de navegación, introducirse por una reserva ecológica al pié de montañas nevadas, siguiendo pequeños senderos que lo introducen a uno por en medio de espesos bosques que llevan hacia hermosos y solitarios glaciares, los cuales esconden los ingresos subterráneos.